Hoy no voy a decir nada, mejor pongo este enlace donde Hernán Ronsino describe magistralmente este poema que solo Tata Cedrón puede cantar.
http://www.revistafledermaus.com.ar/Numero_2/Nota_1.htm
LA CERVEZA DEL PESCADOR SCHILTIGHEIM
Para que bebamos la rubia cerveza del pescador Schiltigheim,
Para que amemos Carcassonne y Chartres, Chicago y Quebec,
torres y puertos.
Los blancos molinos harineros y la luz de las altas ventanas de la noche
encendidas para los hombres de frac y para los ladrones.
Y las islas en donde los Kanakas comen plátanos fritos
y bajo el sol y bajo las palmeras entre ágiles mulatas suenan los ukeleles.
Islas, dije, las islas, soles rojos, platillos para Darius y Milhaud.
¡Tener un corazón ligero! Vale decir amar a todas las mujeres bellas,
y una moral ligera, vale decir andar con gitanos alegres
y dormir en un puerto un ocaso cualquiera y en otro puerto y otro
y andar con suavidad y con desenvoltura de fumador de opio.
Para que a cada paso, una mañana (un paisaje) o una emoción o una contrariedad
nos reconcilien con la vida pequeña y su muerte pequeña.
Para que un día nos queden unos cuantos recuerdos: decir estuve,
estuve en tal pasión, en tal recodo. Estuve, por ejemplo,
en la feria de Aubervilliers una mañana, con un trozo de asado,
una amistad tranquila, la mesa clara, el perro, el buen hablar
y afuera, las verduleras de París chapoteando con los zuecos en la nieve.
Para que bebamos la rubia cerveza del viejo pescador Schiltingheim
es necesario no asustarse de partir y volver, compañeros (camaradas).
Estamos en una encrucijada de caminos que parten
y caminos que vuelven.
Raúl González Tuñón
Nunca comprendí porqué la naturaleza permite la aparición de vida en determinadas condiciones.
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domingo, 5 de septiembre de 2010
domingo, 4 de abril de 2010
HIEDRA SIN FUTURO
El poema que he escogido para esta primera entrada es de Raúl González Tuñón. Los que acaricieis la cincuentena quizá recordeis un curioso vinilo de 1977 en el que por la cara A, Paco Ibañez casi recitaba a Neruda, y por la cara B sonaban unos tangos inexplicablemente pegadizos.
Gracias a ese disco muchos descubrimos a Raúl González Tuñón y al Cuarteto Cedrón.
Gracias a ese disco muchos descubrimos a Raúl González Tuñón y al Cuarteto Cedrón.
EL CABALLO MUERTO
Media noche.
Sobre las piedras de la calzada
hay un caballo muerto.
Aún faltan cinco horas
para que venga
el carro de “La Única” y se lo lleve.
Ese caballo viejo,
hedoroso de sangre coagulada,
ese pobre vencido,
fue un obrero.
Un hermano del pájaro,
un hermano del perro.
Fue el hermano caballo,
que anduvo bajo el sol,
que anduvo bajo el agua,
que anduvo entre los vientos
tirando de los carros,
con los ojos cubiertos.
Fue el hermano caballo. Ninguno irá a su entierro.
Raúl González Tuñón (1905 - 1974)
http://es.wikipedia.org/wiki/Raúl_González_Tuñón
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